jueves, 15 de julio de 2010

¿Cuál modelo económico...?

En una entrevista televisada, el analista Alberto Arene, trataba de definir el modelo económico a seguir por El Salvador, considerando los múltiples problemas que afectan al país en los campos sociopolítico, económico y cultural. Barajando alternativas, la más aceptable--según Arene--, es la seguida por el actual gobierno, considerando la opinión pública.
Sin embargo...
Al dividir a la población en dos importantes grupos:--pensantes y no pensantes--, nos encontramos con posiciones encontradas que difícilmente se podrían encausar hacia vertientes positivas. El primer grupo se inclina por encontrar un modelo propio, personalizado, con bases firmemente sustentadas en la realidad nacional. El segundo grupo se aferra al presente y teme a los cambios que, generalmente, terminan complicando la situación; sin embargo, viven a la espera de acontecimientos que les beneficie materialmente, vengan de donde vengan.
En la práctica, ninguna de las dos posiciones mencionadas funcionan, porque no existen voluntad ni capacidad para desarrollar un plan sustentable basado en el respeto a las leyes que regirían dicho plan; antes, por el contrario, un anárquico sistema económico favorece a los especuladores en un mercado libre, sin controles de precios, de medidas ni de calidades.
Por otra parte, en un país pequeño, superpoblado, donde no se produce nada y se consume de todo; donde la demanda es mayor que la oferta y se recurre a las importaciones para cubrir dicha demanda, se favorece a los intermediarios --léase "coyotes"--, que originan procesos inflacionarios al lucrarse cada uno de ellos en la distribución; subdistribución al por mayor y al detalle, entre otras especulaciones que deberían considerarse ilegales y que sin embargo son aceptadas como transaccines "legítimas", por el sólo hecho de que crean fuentes de trabajo.
La educación, --elemento indispensable para conocer los principios y la utilización de los adelantos tecnológicos--, se considera un privilegio de la gente con poder adquisitivo, dado a que también se ha comercializado en sus dos categorías --pública y privada--, donde las oportunidades son acaparadas por influencias privadas. Las opciones en este campo son: conseguir los recursos para seguir los estudios o renunciar a ellos para dedicarse a una actividad remunerada que no requiera mayores conocimientos. De estas opciones, la última es la más aceptada ya que proporciona la oportunidad de iniciarse en el "coyotaje" o de instalar una venta estacionaria en las aceras de algunas calles o avenidas transitadas, en el centro de las ciudades mas pobladas. Esto, debido a que los trabajos que podrían desempeñar son escasos, o ya han sido concedidos a otras personas en la misma situación.
En cuanto al sistema financiero --que se rige por sus propias normativas en franco desafío a los reglamentos legalmente establecidos en la nación--, se lucra desproporcionadamente bajo el amparo de la "libre competencia", no intervención del Estado y "confidencialidad del secreto bancario", lo que resulta nefasto para los habitantes de un país que, lejos de ser "saqueado", necesita del apoyo de la Banca para su progreso y desarrollo.
Así las cosas, seguir un modelo económico foráneo sería aceptar "más de lo mismo". El cambio a un nuevo sistema debe se radical y planificado inteligentemente, teniendo en cuenta todos y cada uno de los problemas; solucionarlos antes de integrarlos al modelo a seguir, luego reglamentarlos y hacer que se cumplan estrictamente dichos reglamentos, aplicando las leyes pertinentes. Paralelamente, educar a la población para que comprenda las causas y reconozca los efectos establecidos, resulta indispensable.
Sin embargo, en aquellos países donde se ha intentado introducir esos cambios, los intereses del Gran Capital han sido directamente afectados y sus reacciones han provocado grandes conflictos sociales que terminan solamente cuando las mayorías --por urgente necesidad--, terminan rechazando los cambios ante la amenaza de la Gran Empresa de cancelar su línea productiva; retirar su capital de la Banca Nacional y dejar sin empleo a mayorías trabajadoras.
Así las cosas, el poderoso Sultán de la Economía sigue exigiendo a su esclava población que continúe narrándole los mil y un cuentos; de otra manera ordenará a su Gran Visir cortar la cabeza a su concubina de turno.

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