martes, 3 de agosto de 2010

En El Salvador:Tremenda corrupción en alcaldías pueblerinas

Las más altas autoridades civiles,militares y religiosas; el Presidente, Vice Presidente, ministros,diputados,militares de alto rango,embajadores,entre otros no menos importantes personajes de la sociedad salvadoreña, además de una gran parte de la población, ignoran las "movidas" de los gobiernos locales en algunas alcaldías del interior del país.
Y es que nunca las visitan.
Algunos alcaldes, en complicidad con su concejales, hacen y deshacen a voluntad, con absoluto desprecio a los derechos de los ciudadanos que utilizaron como trampolín para ascender a los cargos que les permite manipular el erario municipal; despedir personal de otro color político, instalar en puestos claves a analfabetas solamente porque trabajaron en la campaña política, asignarse salarios y atribuciones, manejar donaciones en forma arbitraria, alterar presupuestos y contratos para obras municipales,alterar informes económicos, planillas y facturas, aplicar economía de costos a la ejecución de proyectos, entre otras mil artimañas que se manejan para "componerse" lo más pronto posible, antes que termine el período.
Es así como, de pronto,un concejal conocido como albañil, obrero acostumbrado a ganar 200 dólares, aparece con un pick-up doble cabina, del año, mudándose a "casa nueva", adquirida con el dinero que gana honestamente en su cargo (?)
Por eso, el empleado que nos informó de estas anomalías, se pregunta: ¿Cómo es posible que se den estos abusos de poder a vista y paciencia de los auditores de la Corte de Cuentas? ¿Por qué no se informa de ellos a las autoridades correspondientes?
Nosotros conocemos las respuestas. Son simples; demasiado simples...
El grupo en el poder tiene un séquito de hombres violentos a los que se les denomina "guardaespaldas", bien pagados, pero con la obligación de cerrarle la boca al primero
que se atreva a "ponerles el dedo".
Por otra parte, los auditores confiesan: "Si no puedes contra ellos, únete a ellos" Es un caso de vivir y dejar vivir, bastante cómodo, por cierto.
¿No le parece, señor Contreras?

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